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domingo, 18 de junio de 2017

el tiempo se mide por su valor, no por su duración




No pasaron ni diez minutos entre oír a una y oír a la otra.

La primera estaba en el coche, frente al Hope, esperando a que se pusiera verde el semáforo y le hablaba desde el asiento trasero al chofer.

"Tendrías que asumir que hay momentos que exigen ser cumplidos. Como decirle a alguien que le quieres. O regalarle tu tiempo. Porque tu corazón sigue latiendo, ¿no? Nada te encadena, ¿no? No hay nada más patético que la prudencia cuando lanzarse podría arreglar una vida. Incluso -con bastante probabilidad- la tuya".

La segunda estaba en el sofá leyendo, y se lo dijo a una amiga, puede que contestando a algo que la otra había dicho antes. Dejó el dedo señalando una linea y levantó la vista para hablar.

"¿Crees que la felicidad es un abismo? Y claro, no se puede dar un paso en falso no vaya a ser que se me estropee el calzado. Pues te diré que es mejor elegir darse el gusto. Porque en cualquier zapatería se encuentra un nuevo par. Y ya vas sabiendo que la oportunidad de felicidad o se aprovecha o se esfuma".


Diez minutos a lo sumo, pero día bien aprovechado.