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jueves, 29 de junio de 2017

cambian constantemente ( un caso sin delito 5 de 6 )




El café "recostadas" (el preferido del jefe) estaba en el centro del pueblo, con techos altos, mesas de mármol y suelo de madera oscura y gastada.
Sus características básicas eran que en las paredes colgaban cuadros de mujeres tumbadas, que la música solía ser suave y estaba puesta a unos niveles que permitían las conversaciones de los clientes, y -“last but not least”-que hacían un café excelente.


Los tres policías estaban sentados en una de las mesas del fondo, junto a los dos Vettrianos. El comisario y Claudia con sendos capuchinos, el veterano con un café latte.
Hablaba Claudia, y con su habitual eficacia le informaba de todo a su superior; que escuchaba encantado (en la comisaría empezaba a haber rumores sobre que Claudia era la enchufada del jefe). Cuando acabó se produjo un silencio que al alargarse casi llegó a ser molesto.

"Y ¿tú qué dices?" El comisario requería la opinión de su mejor hombre, de su mejor amigo. "Perdemos nuestro tiempo y el dinero de los contribuyentes. Investigamos una situación en la que no hay delito, un mayor de edad cambia de domicilio sin dejar la nueva dirección. Nadie le busca realmente. Si no fuera por las pintadas, dudo que le hubiéramos hecho el mínimo caso."
"¿Las pintadas no son una llamada?"
"Creo que no Claudia, no se porque me parece que la pintadas buscan distraer la atención"

Su jefe le miró atentamente "¿De que?" Y, como ya sabian que pasaria tanto él como Claudia, el veterano sonrió antes de contestar: "Un padre con los medios económicos que tiene este, dirigiendo siempre la vida de los demás, se puede pensar que ordenaría una búsqueda. Con los pocos medios que tienen estos jóvenes, encontrarlo sería facilísimo. Con el escándalo, papaito pasa del hijo y lo da por imposible".

Claudia intentaba averiguar si lo que decía su compañero era lo que de verdad pensaba, pero su cara no reflejaba nada que pudiera interpretar. El jefe asintió "siempre aciertas, o sea que sera asi" se levantó, cogió su bonito abrigo y se fue a la barra a pagar, luego abandonó el café.

"¿Qué piensas de verdad?"
La miro a los ojos, mantenía la sonrisa. "Las cosas que han pasado cambian constantemente" Es una frase del poeta ese Prado, del mismo libro que las que escribió Peter”
"¿Y?"
"Para mi lo interesante de este lío, no es dónde está el chico. Cosa que nadie a intentado de verdad averiguar, lo interesante ha sido lo que la marcha de Peter a significado para los que le rodeaban, los cimientos que ha removido"
"No te sigo"
"Los profesores se preguntaron en qué fallaron ellos, que podían haber hecho para evitar el hecho, su meditación va encaminada a estar más atentos en el futuro. Los padres solo ven fallos en el hijo, que es desde desagradecido hasta tonto por perder las oportunidades que le ofrecían, no hacen ningún tipo de reflexión sobre ellos. Alicia no ve fallos, ve una elección libre de una persona que para ella es inteligente y valiente por ser capaz de coger las riendas de su destino. Alicia mira hacia el futuro, y lo ve despejado"
"¿Y tu?"
"Me caen bien los profesores, encarcelaría a los padres, brindo por Peter. ¿Nos vamos de copas?"


Afuera llovía.
El día tomaba esos tonos de gris que suelen atraer a la melancolía, la temperatura iba perdiendo grados y dudaba entre la calefacción y una mantita. Lucinda cantaba "broken butterflies", ese tipo de canción tristona que tanto le llegaba. Miró el trabajo atrasado con la desgana propia del que sabe que en ese momento no tocaba. Primero acabar una tarea y luego empezar otra. En la pantalla del ordenador un email muy corto, solo una dirección.

Lo único que necesitaba para cerrar el caso al día siguiente.
En la boca una sonrisa.
Afuera llovía.